Qué sí hace esta guía
Resume criterios clínicos, factores que suelen confundirse entre sí y los límites de la telemedicina cuando aparece riesgo, confusión aguda o incapacidad de autocuidado.
El TEPT puede aparecer después de vivir, presenciar o quedar expuesto a un evento traumático y mantenerse como si el sistema nervioso siguiera atrapado en modo alarma: recuerdos intrusivos, pesadillas, evitación, hipervigilancia, sueño frágil, irritabilidad, culpa o una sensación persistente de amenaza. Aquí encontrarás una guía clínica amplia, un test educativo de 44 ítems y una explicación más clara de cuándo conviene consultar, qué terapias tienen mejor respaldo y cómo ordenar el problema en adultos.
Anota desde cuando ocurre, que lo empeora, medicamentos actuales, consumo de alcohol u otras sustancias, antecedentes medicos y un ejemplo concreto del impacto en trabajo, estudio, sueno o vinculos.
La consulta ordena sintomas, diagnosticos parecidos, factores medicos, nivel de riesgo y objetivos realistas. Si hace falta, se define tratamiento, seguimiento o derivacion coordinada.
Si hay riesgo inmediato, confusion aguda, violencia, intoxicacion, abstinencia severa o imposibilidad de autocuidado, corresponde urgencia presencial antes que una hora diferida.
El trastorno de estrés postraumático es un cuadro que puede aparecer tras exposición a muerte real o amenazada, lesiones graves o violencia sexual, ya sea de forma directa, como testigo, al enterarte de que le ocurrió a alguien cercano o por exposición repetida en ciertos contextos laborales. No se reduce a “estar muy nervioso después de algo fuerte”: implica un patrón persistente de intrusión, evitación, cambios cognitivos/afectivos e hiperactivación que se mantiene y produce interferencia real.
Muchas personas describen el TEPT como si el evento ya hubiera terminado afuera, pero siguiera ocurriendo adentro del sistema nervioso. El cerebro conserva memorias traumáticas poco integradas, el cuerpo se mantiene listo para detectar peligro y la evitación se vuelve una estrategia de supervivencia que, aunque alivia a corto plazo, mantiene el cuadro a largo plazo.
Después de un trauma es totalmente posible tener días o semanas de insomnio, sobresalto, tristeza, imágenes del evento o sensación de irrealidad. Eso no siempre significa TEPT. Parte de la evaluación consiste en ver si esos síntomas empiezan a organizarse en un patrón más estable, de más de un mes, con impacto funcional y evitación persistente.
Cuando los síntomas ocurren en los primeros días o semanas, puede hablarse de respuestas agudas al trauma o de un trastorno por estrés agudo. Si se consolidan, se expanden y comienzan a gobernar sueño, vínculos, trabajo, trayectos y sensación de seguridad, conviene pensar ya en un cuadro postraumático más establecido.
No todo cuadro postraumático se explica exactamente igual. Algunas personas presentan más disociación, otras más pánico, otras más culpa moral, otras más depresión o consumo. Además, trauma repetido o prolongado puede dar una presentación más compleja, con mayor dificultad para regular emociones, confiar, sostener vínculos o organizar la propia historia.
Tampoco toda activación alta después de un hecho difícil es TEPT. Por eso vale la pena diferenciarlo de pánico, trastorno adaptativo, duelo traumático, insomnio, depresión, disociación primaria, consumo o cuadros médicos que también pueden dejar a la persona muy hipervigilante o desconectada.
Porque evita que la evitación y la hiperactivación se transformen en una forma de vivir. Cuanto más espacio gana el trauma en sueño, trabajo, trayectos, relaciones y consumo, más difícil resulta distinguir lo que vino del evento y lo que luego fue aprendido por el sistema de alarma.
No todas las personas sienten “miedo” como emoción principal. A veces predominan irritabilidad, culpa, adormecimiento afectivo, desconexión, vergüenza o una necesidad rígida de control. Todo eso puede seguir siendo trauma.
La evaluación no consiste solo en preguntar “¿tuviste un trauma?”. Importa ver qué ocurrió, cuándo, cómo evolucionaron los síntomas, qué dispara intrusiones, qué se evita, cómo está el sueño, qué papel juegan el cuerpo y la hipervigilancia, y cómo se han visto afectadas la concentración, el trabajo, la pareja, la sexualidad, la sensación de seguridad y el consumo de alcohol u otras sustancias.
También revisamos si hay disociación, ataques de pánico, depresión, dolor, culpa persistente, ideas suicidas o comportamientos de riesgo. En TEPT adulto el contexto importa tanto como la lista de síntomas, porque muchas veces el cuadro se sostiene por evitación, rutinas de seguridad, sueño fragmentado y aislamiento además de las intrusiones.
Ambos pueden dar sobresalto, taquicardia, evitación y sensación de amenaza. En TEPT suele haber vínculo más claro con trauma, recuerdos intrusivos, sueños traumáticos y disparadores asociados a lo vivido.
El trastorno adaptativo puede ser muy intenso, pero no siempre tiene la estructura traumática típica de intrusión, evitación y alarma persistente relacionada con un evento traumático propiamente tal.
La depresión puede traer insomnio, desconexión, anhedonia y culpa, pero en TEPT suele existir además una memoria traumática activa, disparadores más claros y un cuerpo mucho más organizado alrededor de la amenaza.
A veces el alcohol o las drogas aparecen como intento de apagar intrusiones, sueño frágil o activación. Otras veces el consumo mismo domina el cuadro. Diferenciar eso cambia bastante la prioridad del tratamiento.
Trauma repetido, prolongado o interpersonal puede dejar una presentación más compleja: mayor dificultad para regular emociones, confiar, sentirse digno/a, sostener vínculos o armar una narrativa coherente de lo vivido. Esto no invalida el diagnóstico de TEPT, pero sí puede exigir más cuidado en el ritmo del tratamiento y en la secuencia terapéutica.
La disociación también importa. Algunas personas no describen solo alarma, sino desconexión, irrealidad, lagunas o sensación de estar fuera del propio cuerpo. Si esto predomina, el tratamiento suele necesitar más trabajo de anclaje, regulación y seguridad antes de entrar de lleno al procesamiento traumático.
Recuerdos que llegan sin permiso, sueños traumáticos, flashbacks, escenas que irrumpen al manejar o trabajar y respuestas corporales muy intensas frente a estímulos que para otros son neutros. La persona siente que el pasado irrumpe en el presente sin suficiente contexto.
Esfuerzos por no pensar, no sentir, no hablar, no pasar por ciertos lugares, no dormir, no recordar, no ver noticias, no relacionarse o no bajar la guardia. A corto plazo parece ayudar; a largo plazo achica cada vez más la vida.
Culpa, vergüenza, autocrítica, ideas de que el mundo es completamente peligroso, dificultad para confiar, pérdida de interés, desconexión y sensación de haberse quedado distinto/a después del trauma.
Sobresalto fácil, irritabilidad, sueño frágil, cuerpo en tensión, necesidad de escanear el entorno, dificultades para concentrarse y sensación de peligro inminente incluso cuando la situación actual ya cambió.
Que a veces el síntoma más visible no es el recuerdo intrusivo, sino el insomnio, la irritabilidad, la evitación o la culpa. Por eso algunas personas pasan meses pensando que solo tienen “ansiedad”, “mal dormir” o “cansancio” cuando en realidad el circuito central sigue siendo postraumático.
Frecuencia de intrusiones, amplitud de evitación, calidad del sueño, grado de hipervigilancia, relación con disparadores, culpa, desconexión, funcionamiento diario y estrategias que la persona usa para apagarse o sentirse segura.
Pesadillas, despertares, miedo a dormir, sueño ligero y cansancio acumulado del día siguiente. El cuerpo puede seguir interpretando la noche como terreno inseguro, y eso deteriora mucho regulación emocional y concentración.
Distracción, errores, agotamiento, reactividad alta, dificultad para tolerar ciertos ambientes, trayectos o sonidos. A veces el problema parece “solo” rendimiento, pero la base es un sistema nervioso que sigue priorizando amenaza.
Puede costar confiar, relajarse cerca de otros, tolerar intimidad, aceptar ayuda o explicar por qué ciertos disparadores parecen tan intensos. El entorno a veces interpreta distancia o irritabilidad como desinterés cuando en realidad hay trauma activo.
El trauma se vive también en el cuerpo: tensión, sobresalto, hipervigilancia, molestias digestivas, dolor, cansancio y una sensación de no lograr bajar revoluciones del todo. No es “solo mental”.
Al principio se evita algo puntual. Después pueden empezar a evitarse trayectos, reuniones, noticias, fechas, conversaciones, lugares, dormir solo, intimidad o cualquier cosa que active el cuerpo. Esa expansión suele ser una señal importante de que el circuito está consolidándose.
Alcohol, comida, benzodiazepinas, cannabis u otras conductas pueden usarse para “desactivar” recuerdos o dormir. A corto plazo puede parecer que ayudan; a largo plazo suelen complicar más el cuadro y el pronóstico.
Uno de los errores mas comunes es usar toda la energia del tratamiento solo para no activarse nunca. Cuando la meta es no sentir nada, cualquier recuerdo, sobresalto o noche mala se vive como fracaso completo y el trauma sigue mandando. Tambien complica mucho saltar de una estrategia a otra sin tiempo suficiente, usar alcohol o sedantes como regulador principal, o abandonar una terapia centrada en trauma apenas toca algo sensible sin revisar antes si el problema fue el ritmo, la alianza terapeutica o la falta de recursos de regulacion.
Al principio no siempre mejora todo de golpe. Muchas veces el primer cambio real es dormir un poco mejor, evitar menos, recuperar algo de presencia corporal y necesitar menos conductas de seguridad para tolerar disparadores. Tambien suele aparecer una narrativa menos caotica: el evento sigue siendo doloroso, pero deja de invadir cada momento como si todavia estuviera ocurriendo ahora mismo.
La guía VA/DoD 2023 y el material oficial del National Center for PTSD destacan especialmente las psicoterapias centradas en trauma. Entre las más conocidas están:
No todas las personas necesitan exactamente la misma terapia ni el mismo ritmo. Lo importante es que sea una intervención basada en evidencia, orientada al trauma y ajustada a la tolerancia clínica real del paciente.
Las fuentes oficiales resaltan especialmente sertralina, paroxetina y venlafaxina entre los medicamentos con mejor respaldo. Pueden ayudar a disminuir tristeza, preocupación, irritabilidad, activación y adormecimiento afectivo, sobre todo cuando el cuadro ya está afectando mucho el sueño, la funcionalidad o la posibilidad de sostener psicoterapia.
Para pesadillas traumáticas pueden considerarse opciones específicas en casos seleccionados. En la práctica clínica esto requiere decisión compartida, revisión de riesgos/beneficios y no asumir que tratar pesadillas equivale a tratar todo el TEPT. Las benzodiazepinas no son una buena base de tratamiento postraumático.
Hay personas que parten muy desreguladas, con sueño destruido, mucha activación, gran evitación o depresión importante. En esos casos puede ser razonable combinar psicoterapia con apoyo farmacológico, y además sumar trabajo de grounding, hábitos, sueño, consumo y seguridad. El objetivo no es medicar por reflejo, sino bajar suficiente ruido fisiológico como para que el procesamiento traumático sea realmente viable.
Cuando el cuadro es más complejo o muy disociativo, a veces conviene secuenciar mejor el tratamiento y no entrar de inmediato al recuerdo traumático más intenso sin una base de estabilidad suficiente.
Menos intrusiones incapacitantes, menos evitación, mejor sueño, menor hipervigilancia, más capacidad de estar en el presente y más vida recuperada. A veces la mejoría no se nota primero en “sentirse bien”, sino en empezar a vivir con menos alarma y menos encierro.
Evitar toda activación, usar alcohol o sedantes como regulador principal, no tocar el trauma de ninguna forma, interpretar cada disparador como señal de peligro actual o esperar recuperación lineal sin semanas más sensibles.
Anota intrusiones, pesadillas, evitaciones, consumo, sueno y disparadores corporales. La meta de esta semana no es procesar todo el trauma, sino entender con honestidad donde se esta metiendo hoy: noche, trayectos, trabajo, pareja, sexualidad, crianza o sensacion general de seguridad.
Practica grounding, respiracion con exhalacion mas larga, senales de orientacion al presente y una rutina de sueno mas estable. No busca apagar por completo la activacion, sino darte herramientas para no quedar totalmente secuestrado/a por ella cada vez que sube.
Algunas evitaciones son obvias, como no volver a cierto lugar. Otras son mas finas: no dormir profundamente, no quedarte a solas, revisar salidas, no hablar de nada emocional o trabajar sin pausa para no sentir. Esta semana sirve para detectar esas formas mas silenciosas en que el trauma sigue organizando tu vida.
En muchas personas el nucleo no es solo el recuerdo, sino lo que ese recuerdo les hizo creer sobre si mismas, los demas o el mundo. Si el trauma se mezclo con culpa, verguenza o rabia, esta semana suele ser clave para que el abordaje no se quede solo en manejar sintomas sin tocar el corazon del cuadro.
Elige una situacion segura pero ya demasiado dominada por evitacion y piensa una reintroduccion pequena, clara y repetible. En trauma suele importar mas la repeticion tolerable que las exposiciones heroicas que luego dejan varios dias de rebote.
Si el sueno sigue roto, el cuerpo aprende que la noche nunca es segura. Esta semana conviene revisar habitos nocturnos, sustancias, estrategias de apagado rapido y posibles apoyos terapeuticos o farmacologicos cuando corresponda.
Mira con detalle que ya empezo a ayudarte: dormir mejor, evitar menos, poder volver al presente, tolerar un disparador con mas control o hablar del trauma de forma mas integrada. Nombrar esos avances evita que una semana sensible borre todo lo ganado.
Conviene cerrar con una hoja de ruta concreta: que senales anuncian que el trauma vuelve a tomar demasiado terreno, que hacer primero, a quien avisar, cuando consultar antes y como no volver a entregar toda la vida a la evitacion cuando aparezcan fechas sensibles o disparadores inesperados.
Mapear disparadores, sueño, evitación, intrusiones, activación corporal y hábitos de seguridad. Sin una buena línea base es fácil confundir días mejores con mejoría real o empeoramientos puntuales con recaída completa.
Aprender grounding, respiración con exhalación más larga, anclajes visuales, rutina de sueño y estrategias para volver al presente sin pelearse con cada síntoma.
Empezar a trabajar la memoria traumática, la culpa, la vergüenza, las creencias sobre peligro y la lógica de la evitación, idealmente con terapia centrada en trauma.
Ver qué parte del entorno ayuda y qué parte refuerza el encierro o la hiperalerta. Esto importa mucho en convivencia, pareja y crianza.
Reintroducir actividades, trayectos, tareas y vínculos que habían quedado dominados por evitación o amenaza.
Ajustar rutina nocturna, revisar pesadillas, sustancias y hábitos que empeoran la alerta. A veces esta parte cambia mucho el día completo.
Identificar lo que ya ayuda, lo que aún dispara y cómo responder a semanas más sensibles sin volver a entregar toda la vida a la evitación.
Dejar señales tempranas por escrito, un plan de apoyo y una estrategia concreta para fechas, lugares o etapas que podrían volver a sensibilizar el sistema.
Recuperación instantánea o totalmente lineal. En trauma es bastante habitual que haya semanas más sensibles, activación por fechas o gatillantes inesperados y momentos en que el cuerpo reaccione antes de que la mente entienda qué pasó. Lo importante es que el circuito vaya perdiendo poder, no no volver a activarse nunca.
Evitar lugares, conversaciones, olores, rutas, noticias, fechas o recuerdos reduce activacion por un rato, pero tambien deja al cerebro sin oportunidad de aprender que hoy el peligro no esta ocurriendo de la misma manera. Con el tiempo, la vida puede organizarse cada vez mas alrededor de no dispararse.
Insomnio, sobresalto, dolor, tension muscular, hipervigilancia y cansancio cronico hacen que el sistema se vuelva aun mas sensible. Asi, una escena menor o una sensacion corporal pueden sentirse como confirmacion de que todo sigue siendo inseguro.
Muchas personas no solo temen recordar el trauma; tambien temen lo que ese trauma dice sobre ellas. La culpa, la verguenza o la sensacion de haber quedado danadas favorecen aislamiento y hacen mas dificil pedir ayuda o sostener tratamiento.
Alcohol, cannabis o sedantes usados para dormir o bajar la activacion pueden parecer una solucion, pero suelen empeorar sueno, memoria emocional, irritabilidad y rebote de alarma. Muchas veces el tratamiento mejora bastante cuando este punto se aborda en serio.
Esta autoevaluación es educativa. Se inspira en la lógica clínica del TEPT y en instrumentos reconocidos de tamizaje, pero no reemplaza diagnóstico profesional. Responde pensando en el último mes.
Este test ayuda a ordenar el patron postraumatico, pero no reemplaza historia clinica ni diagnostico diferencial.
Completa los 44 ítems y presiona “Ver resultado”.
Un puntaje alto orienta a profundizar la evaluacion, no a concluir por si solo que todo corresponde a TEPT.
Si el trauma ya esta organizando sueno, evitacion o funcionamiento diario, conviene pedir ayuda antes de que gane mas espacio.
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Uso educativo. Un resultado alto sugiere que vale la pena evaluación clínica, pero el diagnóstico requiere historia traumática, curso temporal, interferencia real, comorbilidades y examen diferencial.
Explicación oficial de síntomas, tratamiento, autocuidado y señales de cuándo pedir ayuda.
Ver NIMHResumen claro para pacientes sobre TEPT, curso, vergüenza para consultar y formas de acceso a tratamiento.
Ver NHSGuía oficial amplia sobre manejo de TEPT y trastorno por estrés agudo, con psicoterapias y fármacos.
Ver guía 2023Auto-screen oficial para entender si tus síntomas podrían relacionarse con TEPT y por qué conviene pedir ayuda.
Ver auto-screenHerramienta oficial que resume tratamientos con evidencia como CPT, PE, EMDR y Written Exposure Therapy.
Ver tratamientosGuía clínica sobre medicación: sertralina, paroxetina, venlafaxina y matices para pesadillas traumáticas.
Ver medicación
Una forma simple de entender el TEPT es pensar que el sistema de detección de peligro quedó configurado para reaccionar demasiado rápido. La amígdala y los circuitos del miedo responden como si ciertos estímulos siguieran perteneciendo a una situación actual de amenaza.
El trauma muchas veces no se recuerda como un episodio claramente “archivado”, sino como fragmentos sensoriales, emocionales y corporales que irrumpen sin suficiente sensación de pasado. Por eso aparecen flashbacks, pesadillas y respuestas corporales intensas frente a recordatorios.
Evitar reduce malestar de inmediato, pero impide que el cerebro aprenda que hoy la situación es distinta, que el recuerdo puede procesarse y que el cuerpo puede volver a regularse sin escapar cada vez.
App oficial del VA/DoD con herramientas para trauma reminders, sueño, enojo, grounding y seguimiento.
Ver appAcompaña Cognitive Processing Therapy con worksheets, tareas y seguimiento durante tratamiento.
Ver appPensada para personas que están haciendo Prolonged Exposure con un clínico entrenado.
Ver appRecurso oficial para familiares o parejas que quieren apoyar sin reforzar aislamiento o crisis.
Ver appNinguna app reemplaza una evaluación clínica ni una terapia centrada en trauma cuando el cuadro es relevante. Su mejor uso suele ser como apoyo entre sesiones, registro y herramientas de regulación.
Una app ayuda cuando sirve para practicar grounding, registrar disparadores, ordenar el sueño o sostener tareas entre sesiones. Deja de ayudar cuando se usa como reemplazo total de pedir ayuda, como excusa para no tocar el trauma con nadie o como chequeo compulsivo de síntomas. En TEPT, menos herramientas bien usadas suele ser mejor que muchas mal integradas.
Versión descargable oficial sobre TEPT, síntomas, tratamiento, autocuidado y búsqueda de ayuda.
Descargar PDFDocumento técnico completo si quieres revisar recomendaciones clínicas más detalladas.
Abrir guíaExplicación oficial de Prolonged Exposure, duración, lógica del tratamiento y qué esperar.
Ver PEResumen oficial de Cognitive Processing Therapy, foco en creencias, culpa y significado del trauma.
Ver CPTResumen oficial de WET, útil para entender otra opción centrada en trauma.
Ver WETSi hoy predomina la confusión diagnóstica, suelen servir mejor materiales introductorios claros y oficiales. Si el problema central es evitación, culpa o vergüenza, a muchas personas les ayudan más lecturas sobre terapias centradas en trauma y procesamiento. Cuando el cuadro es más corporal o muy nocturno, puede ser especialmente útil leer sobre sueño, activación, grounding y relación entre cuerpo y memoria traumática.
No todas las personas pueden contar el trauma en detalle en la primera consulta, y no siempre es necesario hacerlo de inmediato. Lo importante es poder describir suficientemente el patrón de síntomas, la relación con lo vivido y el nivel de interferencia para ordenar bien el caso.
Llegar con ejemplos concretos, no solo con etiquetas generales como “ansiedad” o “estresado/a”. En trauma, esa precisión cambia bastante el plan clínico y evita que el tratamiento quede demasiado genérico.
Idealmente no deberías salir solo con la frase "esto es ansiedad" o con una recomendación genérica de descansar. En trauma adulto suele hacer mucha diferencia contar con una formulación más precisa: qué mantiene el cuadro, qué tipo de terapia tiene más sentido, qué papel juega el sueño, cómo se va a cuidar la seguridad y qué esperar de las primeras semanas para no abandonar justo cuando el tratamiento recién empieza a ordenarse.
Después de un trauma es esperable sentirte alterado un tiempo. En TEPT los síntomas persisten, se organizan en un patrón más estable de intrusión, evitación, cambios cognitivos o afectivos e hiperactivación, y generan un impacto real en el funcionamiento diario.
Sí. El TEPT puede mantenerse mucho tiempo si no se trata, pero eso no significa que esté fijo para siempre. Muchas personas consultan tardíamente y aun así mejoran de forma importante con tratamiento bien dirigido.
No. En TEPT el cerebro puede quedar atascado en una alarma demasiado sensible y en memorias traumáticas mal integradas. Eso es muy angustiante, pero no equivale automáticamente a psicosis ni a pérdida global de realidad.
No siempre de la misma manera. Algunas terapias trabajan más directamente con el recuerdo traumático y otras con significados, creencias o evitación. Lo importante es que el tratamiento sea basado en evidencia y tolerable para la persona, no forzar un formato único.
Las guías oficiales priorizan psicoterapias centradas en trauma como Cognitive Processing Therapy, Prolonged Exposure, EMDR y Written Exposure Therapy. La elección depende de disponibilidad, preferencia, comorbilidades y formato terapéutico.
No “borra” el trauma ni reemplaza el procesamiento terapéutico, pero puede bajar reactividad, ansiedad, irritabilidad o insomnio y facilitar que la persona sí logre sostener tratamiento. En algunos casos hace una diferencia importante.
Las fuentes oficiales destacan sobre todo sertralina, paroxetina y venlafaxina. Para pesadillas traumáticas pueden considerarse opciones específicas en casos seleccionados, siempre con decisión compartida y revisión de riesgos y beneficios.
No se consideran una buena estrategia de base para TEPT. A veces se usan en contextos puntuales, pero como eje del tratamiento suelen traer más problemas que beneficios, especialmente si desplazan el trabajo terapéutico centrado en trauma.
Sí, y es bastante frecuente. El trauma no tratado puede convivir con depresión, pánico, insomnio, dolor, disociación o consumo para intentar apagar síntomas. Ordenar esa mezcla es parte central de la evaluación.
No necesariamente. Las pesadillas pueden aparecer por muchas razones. En TEPT suelen acompañarse de intrusiones diurnas, evitación, hipervigilancia, activación corporal y cambios persistentes en ánimo o creencias.
Puede haber un cuadro más complejo, con mayor dificultad para regular emociones, confiar, sostener vínculos o integrar la propia historia. Eso no invalida el tratamiento; simplemente suele requerir una evaluación más fina y una secuencia terapéutica mejor pensada.
La disociación puede aparecer en trauma y cambiar bastante el enfoque clínico. No todos los cuadros postraumáticos son iguales. Si predominan desconexión, despersonalización o lagunas importantes, conviene afinar más la evaluación.
Sí. La telemedicina/online permite ordenar síntomas, revisar disparadores, ajustar medicación, estructurar hábitos, orientar grounding y coordinar mejor el siguiente paso terapéutico. Si hay riesgo agudo o deterioro importante, se puede indicar atención presencial o más intensiva.
Esa suele ser una señal de que el circuito postraumático está ganando espacio. Vale la pena pedir ayuda antes de que la evitación termine organizando trabajo, relaciones, trayectos, sueño y rutina completa.
No. Es un instrumento educativo para ordenar el cuadro y llegar mejor preparado a una consulta. El diagnóstico requiere historia clínica, revisión de trauma, comorbilidades, curso temporal y diferenciales.
Pesadillas o flashbacks muy frecuentes, mucho insomnio, consumo creciente para apagar síntomas, ideas suicidas, disociación intensa, deterioro laboral o relacional marcado, o sensación de vivir permanentemente en estado de amenaza.
Si quieres pasar de esta guía sobre TEPT y trauma complejo a una evaluación clínica real, este bloque te lleva al único canal oficial de reserva con el Dr. Alberto Covarrubias a través de Encuadrado.
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