Qué sí hace esta guía
Resume criterios clínicos, factores que suelen confundirse entre sí y los límites de la telemedicina cuando aparece riesgo, confusión aguda o incapacidad de autocuidado.
El pánico no es solo miedo intenso: es una falsa alarma corporal que se vuelve cada vez más temida si queda atrapada en un circuito de catastrofismo, hipervigilancia, evitación y más miedo. Esta guía también resume qué hacer durante una crisis y cuándo conviene buscar evaluación clínica.
Anota desde cuando ocurre, que lo empeora, medicamentos actuales, consumo de alcohol u otras sustancias, antecedentes medicos y un ejemplo concreto del impacto en trabajo, estudio, sueno o vinculos.
La consulta ordena sintomas, diagnosticos parecidos, factores medicos, nivel de riesgo y objetivos realistas. Si hace falta, se define tratamiento, seguimiento o derivacion coordinada.
Si hay riesgo inmediato, confusion aguda, violencia, intoxicacion, abstinencia severa o imposibilidad de autocuidado, corresponde urgencia presencial antes que una hora diferida.
$75.000 CLP por 60 minutos en psiquiatría de adultos. La primera entrevista incluye historia clínica, revisión de comorbilidades, explicación del circuito del pánico y plan inicial con tareas concretas.
Telemedicina con enlace seguro y recordatorios. Se puede trabajar crisis recientes, ansiedad anticipatoria, agorafobia, evitaciones, comorbilidad con depresión, insomnio y uso de benzodiacepinas.
Un ataque de pánico es una activación súbita e intensa del sistema de alarma con síntomas físicos y cognitivos como palpitaciones, opresión torácica, sensación de falta de aire, mareo, hormigueo, irrealidad, miedo a morir o a perder el control. Puede durar minutos, pero el miedo secundario puede quedarse todo el día.
Hablamos de trastorno de pánico cuando, además de ataques inesperados o repetidos, queda una preocupación persistente por que reaparezcan y se instalan cambios conductuales para evitarlos: no manejar, no hacer filas, no viajar, no hacer ejercicio, no dormir solo o necesitar objetos y rituales de seguridad para “sobrevivir”.
La persona no solo teme el ataque: empieza a temer cualquier sensación que se le parezca. Ahí aparece el miedo al propio miedo.
No siempre es miedo a espacios abiertos. Muchas veces es miedo a quedar atrapado, sin salida o sin ayuda si aparece una crisis.
Antes de cerrar el diagnóstico conviene revisar si el patrón corresponde realmente a pánico, a otra ansiedad o a un problema médico mezclado con miedo secundario. El objetivo no es pedir exámenes infinitos, sino descartar de forma razonable lo que cambia la conducta clínica.
Arritmias, asma, hiperventilación, disfunción de cuerdas vocales o dolor torácico de esfuerzo pueden parecer pánico. Importan la edad, el contexto, el examen y los hallazgos objetivos.
Hipertiroidismo, hipoglicemia, anemia, deshidratación, efectos adversos de fármacos o abstinencia pueden producir una alarma corporal convincente.
Cafeína alta, nicotina, cannabis, alcohol de rebote, energéticas, descongestionantes o estimulantes empeoran intensidad, frecuencia y miedo anticipatorio.
Cuando el problema avanza, el foco ya no está en un ataque aislado sino en una vida organizada para que no ocurra. Ese estrechamiento del territorio es una de las consecuencias más discapacitantes del trastorno.
Entender la fisiología del pánico baja la lectura catastrófica. La persona deja de interpretar cada cambio corporal como evidencia de colapso.
Es central. Reproducir de forma segura sensaciones temidas como taquicardia, mareo o respiración rara ayuda a desaprender que activación equivale a muerte o locura.
Volver gradualmente a lugares evitados con menos rituales de seguridad permite recuperar libertad y reducir agorafobia.
Revisa interpretaciones catastróficas, ansiedad anticipatoria y conductas de escape. No se trata de “pensar positivo”, sino de cambiar aprendizaje.
ISRS como sertralina, escitalopram o fluoxetina pueden ser útiles cuando hay alta discapacidad o comorbilidad. Benzodiacepinas no deberían transformarse en la columna vertebral del tratamiento.
Insomnio, alcohol de rescate, cannabis y cafeína alta mantienen el sistema de amenaza encendido. Corregir eso cambia el curso más de lo que suele creerse.
Baja el ritmo, reduce estímulos, evita discutir con la sensación corporal y vuelve a una frase simple: “esto se siente muy fuerte, pero no significa automáticamente peligro vital”. Si el episodio es nuevo, muy atípico o hay banderas rojas médicas, toca reevaluar.
Mapa del circuito: detonantes, sensaciones más temidas, pensamientos automáticos, conductas de seguridad y lugares evitados. Ajuste inicial de cafeína, sueño y consumo.
Exposición interoceptiva guiada y primeras prácticas de tolerancia a sensaciones corporales sin escape inmediato.
Jerarquía de lugares evitados: filas, trayectos, tiendas, transporte, espacios cerrados o ejercicio. Menos reaseguro, más permanencia.
Prevención de recaídas, plan de semana roja, revisión de medicación, consolidación de metas funcionales y reducción de rituales de seguridad.
La versión educativa larga explora frecuencia de crisis, ansiedad anticipatoria, miedo a las sensaciones, evitación situacional, conductas de seguridad, impacto funcional y disposición a recuperación. Sirve para ordenar la conversación clínica, no para reemplazar el diagnóstico.
Si los síntomas son nuevos, atípicos o con banderas rojas, la prioridad sigue siendo reevaluar lo médico antes de asumir que todo es pánico.
La guía prioriza CBT para pánico y agorafobia, trabajo activo sobre evitación y uso prudente de farmacoterapia. Las benzodiacepinas no deberían transformarse en tratamiento crónico de base.
Distingue entre ataques aislados y trastorno de pánico, y remarca que el cuadro incluye preocupación persistente y cambios conductuales, no solo crisis sueltas.
Mayo Clinic y NHS son útiles para explicar síntomas, curso, tratamiento y estrategias prácticas en lenguaje claro para pacientes y familias.
Palpitaciones, ahogo, opresión torácica, mareo, temblor, sudoración, hormigueo, náuseas, sensación de irrealidad, miedo a morir, perder control o desmayarse. Si son síntomas nuevos o atípicos, conviene descartar causas médicas.
Baja el ritmo, reduce estímulos, recuerda que la curva de alarma sube y baja, evita escapar automáticamente y busca evaluación médica si el episodio es nuevo, atípico o tiene banderas rojas.
Busca un lugar seguro, baja estímulos, afloja la respiración sin forzarla, nombra que es una alarma corporal, evita chequeos infinitos y no tomes decisiones grandes hasta que baje la curva.
En la enorme mayoría de los casos no. Se siente extremo porque el sistema de alarma sube muy fuerte, pero eso no significa daño vital automático. Si el cuadro es nuevo o atípico, sí conviene reevaluar.
No. Algunas personas mejoran mucho con CBT y exposición. Otras necesitan combinar psicoterapia y medicación, sobre todo si hay mucha discapacidad, depresión, insomnio o crisis muy frecuentes.
Alivia a corto plazo, pero si se vuelve la única salida entrena al cerebro a seguir creyendo que la situación era realmente peligrosa.
Si el síntoma es nuevo, aparece con esfuerzo físico, hay dolor torácico distinto, desmayo real, déficit neurológico, embarazo con síntomas intensos, fiebre, intoxicación o ideas suicidas, conviene evaluación urgente o médica antes de cerrar el cuadro como pánico.
No es una recomendación general segura. Puede empeorar algunos problemas respiratorios o médicos. En pánico suele ser más útil bajar el ritmo, orientar la atención, tolerar la curva de la alarma y revisar después qué disparó el circuito.
Porque el ejercicio produce sensaciones parecidas a una crisis: taquicardia, calor, respiración intensa o mareo. La exposición interoceptiva trabaja justamente esa confusión para que el cuerpo deje de leerse como amenaza.
Sí. En algunas personas aumenta taquicardia, despersonalización, paranoia o miedo corporal. También puede complicar el diagnóstico si se mezclan crisis espontáneas, consumo y abstinencia.
Puede ser útil en una indicación puntual, pero si se transforma en objeto de seguridad puede mantener la idea de que no puedes tolerar la ansiedad sin rescate. Eso conviene revisarlo con cuidado, especialmente si hay benzodiacepinas.
La consulta se realiza por telemedicina segura. La primera sesión permite construir el mapa de pánico, revisar comorbilidades, definir tareas iniciales y ordenar el uso de medicamentos si ya existen. Si hay dolor torácico de esfuerzo, síncope verdadero, déficit neurológico, embarazo con síntomas graves o ideas suicidas, la prioridad cambia y corresponde evaluación urgente.
Si quieres pasar de esta guía sobre Crisis de panico que hacer a una evaluación clínica real, este bloque te lleva al único canal oficial de reserva con el Dr. Alberto Covarrubias a través de Encuadrado.
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